No sé si recordaréis un juego de mesa muy divertido para niños que se llamaba "El tragabolas" muy de moda en los 80. Consistía en un panel que se llenaba de canicas y 4 hipopótamos de colores que, con un sencillo mecanismo, abrían sus fauces al presionar una palanca y engullían dichas canicas. El más tragón, era el ganador.
Muy simple, pero lo anunciaban con una canción muy pegadiza:
¡Traga-traga-bolas! 
¡Na-na-naráaaan!
¡Traga-traga-bolas-traga-sin-paraaaaaaarr!
Así que la caprichosa de la Tamaruca hipnotizada por la satánica melodía, por supuesto se lo pidió a los Reyes Magos.
(...)
Y al año siguiente también.
Cuando se dio cuenta de que los Reyes consideraban aquel juguete "poco educativo" y que ni por el forro de los cojj..ns se lo iban a traer, ni corta ni perezosa se subió al trineo tirado por renos y se dirigió al Polo Norte a ver a Papá Noel. (Ah, no, perdón... cogió el autobús y se fue al Corte Ingles).
A su regreso al dulce hogar, inundada de felicidad y gozo, (obviaremos detalles menos hermosos como la reacción iracunda de la progenitora de T) llamó presta a sus amigas para estrenar un juego tan genial.
En cuanto llegaron, cada una elegimos nuestro hipopótamo según el color, llenamos la pista de canicas y... ¡¡¡¡A TRAGAAAARRRR!!!!! 
No le había dado ni 7 veces a la palanca cuando mi Comilón verde empezó a hacer cosas raras con la cabeza. Yo veía que Glotón el azul y Zampón el naranja engullían las bolas con relativa facilidad.
¡Sobre todo el rosa Tragón, qué agonía, se tragaba todas! 
Mientras, mi hipopótamo verde que se había atragantado con la primera bola, era incapaz de abrir las fauces y cada bolita que se le acercaba, Comilón le daba un cabezazo y la sacaba fuera de la pista. Todos tragando y yo desesperando.
Como podéis imaginar, esto me supuso un berrinche de aupa. Pero ¿por qué a mi? ¿Por qué mi hipopótamo verde no se traga las bolas? Tenían razón mis progenitores. Ese juego era una patata. Nada educativo.
¿Seguro? ¿Nada educativo? Fíjate que con los años... he empezado a encontrarlo muy interesante... Sobre todo, estoy muy contenta de que a mi Comilón verde se le atragantase la primera bola.