Perdonadme, chicas… lo siento de veras pero… creo que estoy en la obligación de confesar… ¿Conocéis estos chistes puñeteros acerca de mujeres al volante?
Pues si, la culpa es mía. 
Se me presenta como tarea ardua y sumamente complicada sentarme relajada ante el volante. En cuanto abro la puerta de mi vehículo sufro curiosas mutaciones que no controlo impropias de una mujer independiente y segura como parece que debo ser.
Silencio total, por favor, nada de música, apagar móvil, vaya a ser que el oportuno de turno justo llame en medio de un adelantamiento y la vayamos a joder. Retrovisor…¿no veo? ¡No veo, no veo! ¡Pánico! Aaah! Ah, uff… coñe, las gafas, póntelas loca, ves que bien…
Uy, uy, mierda, con estos tacones no piso bien el embrague, mmm… me descalzo? Ay no… y que me de garrampa o algo, no no, quita, va, así mismo. ¡Cinturón, cinturón! Bueno, allá vamos… viene alguien… ¡no! Brruumm, rrrummm… ¡La la laa! Bien… arranca… conduzco...lalaral..
(PIPIIIIIIIIIII!!!! &%$*/ª&#) Ah, ups! Sí que venía alguien! ¿¿Pues dónde demonios he mirado yo?? ¡Ah, ostras! Al carril contrario, ¡ay que estrés sólo para salir!

(...) Omitiré los penosos detalles del trayecto, vaya a ser que demasiados vocablos malsonantes juntos provoquen la ira de msn-spaces y me lo cierren como a Fétido. No obstante, os lo podéis imaginar.
Cuando por fin consigo llegar al punto de destino, del orden de media hora a tres cuartos tarde (si, claro, me he perdido, se me ha pasado la entrada al centro de la ciudad y he continuado en dirección contraria... ¡qué pregunta!) mis músculos ya empiezan a estar doloridos consecuencia de la tensión y el agarrotamiento. Porque yo sujeto el volante como si estuviera hecho de diamante y me encontrase en el patio de recreo de la macro-cárcel de Zuera. (Era de esperar, ¿no?) 
Y bien, por fin ¡vuelvo a ser feliz! ¡Ya he llegado! Con grandes esfuerzos, desencajo la mandíbula superior de la inferior, el chicle ya no es lo que era pero nada importa, he llegado sana y salva y mi coche no tiene bollos, la lara laaa! 
Hay que aparcar, buah, aquí mismo, que le den, quiero salir de este montón de hierros, YA.
La rayas del suelo… mmm… ¡Ay! Ahora no me acuerdo si de este color la raya se puede aparcar o no, gratis o no… Oye, que llego tarde, pasando que es gerundio.
Cuando la gente cuenta anécdotas acerca de que dejaron el coche aparcado en un lugar y luego no lo encontraban, me sorprendo muchísimo. Mi auto siempre se ve claramente a Km de distancia: es el que está o con la rueda en la acera o con el culo fuera. Y a menudo tiene papelitos de colores en el limpia-cristales, o como se llame eso que hace fiuzs-fiuzs fiuzs-fiuzs… cuando llueve…
Lamentable, lo sé 
Bueno, algún día quizá sea valiente y relate el origen de mi terror irracional a conducir…
Basta por hoy… ya me he fustigado bastante… 