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-El mundo de Tamaruca-(o de una niña que no quiso crecer) July 17 Cuentacuentos X
July 09 Cuentacuentos IX
July 06 El Enredo
Gira la ruleta
RRRRRRRR
July 02 Cuentacuentos VIIISu sonrisa, congelada, me incitaba a besarle.
Así que lo hice.
¿Y por qué no?
¿Por qué hay que fingir que uno es como no es?
¿Por qué parece que haya que disimular que alguien te gusta?
¿Quién inventó esa chorrada de "hacerse la difícil o la interesante"?
¿Por qué hay que "putear" a una persona para despertar su interés?
¿Será porque no se es lo suficientemente interesante?
June 29 ¡Que llueva, que llueva, la vieja está en la cueva, los pajaritos cantan, las nubes...!
June 25 Cuentacuentos VII
June 21 Zapping
June 18 Cuentacuentos VI- Si cruzas, puede que no volvamos a vernos...
- Lo sé...
- Si sales por esa puerta, no podrás volver al grupo. ¿Estás segura? ¿No prefieres quedarte a discutir tus dudas?
Acabábamos de leer el fragmento de la resurrección de Lázaro:
"Jesús conmoviéndose de nuevo, fue al sepulcro. Era una cueva tapada con una piedra. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, la hermana del difunto, le dijo: Señor, ya hiede, pues lleva cuatro días" (Jn)
[...]
"Y después de decir esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, sal afuera! Y el que estaba muerto, salió atados los pies y las manos con vendas, y el rostro envuelto con un sudario. Jesús les dijo: Desatadle y dejadle andar" (Jn)
- Si cruzas esa puerta, puede que no volvamos a vernos... Quédate hija, no puedes abandonar a estas alturas. ¿Cual es el problema? ¿Qué es lo que no entiendes? Puedes exponer tus inseguridades al grupo.
- Madre, es que ya no son inseguridades ni dudas. Es un problema mayor, ¿no se da cuenta? Todo esto es incompatible con la más mínima lógica.
- ¿Qué lógica?
De nuevo parecía con ganas de iniciar otra de esas conversaciones de besugos que teníamos cada miércoles. Debían encantarle. O eso, o verme sulfurada y resoplando tratando de razonar absurdos del estilo a que ni los panes, ni los peces ni el vino se multiplican o que el himen virginal no se regenera tras el parto. Pero yo ya no estaba dispuesta.
- Lógica científica, Madre.
- Si cruzas, puede que no volvamos a vernos...
- Lo sé. Lo siento.
- Podemos razonarlo. Igual que el día que lo pasamos tan bien con la parábola del sembrador... Lo que no comprendes hoy qué es, ¿la resurrección del cuerpo o la del alma?
- Madre, que no. Que no lo entiendo ni lo entenderé. Un tío que lleva cuatro días muerto, o es el novio de Alaska o no se levanta. Biológicamente imposible. Para creer que el alma resucita hay que creerse primero que hay alma. Y la parábola sigo sin asumirla; que uno recoge lo que siembra me sigue pareciendo una pachuchada gorda. ¿Qué hay de la influencia del clima, las plagas de bichos, las leyes del mercado común y las cagadas de palomos? ¡Venga ya!
Mierda. Había empezado a discutir otra vez. Estaba cayendo de nuevo en la trampa. Menuda lianta. No, no. Se acabó. Tenía que salir de ahí.
- Lo siento. Me marcho.
- Si cruzas, puede que no volvamos a vernos, hija...
- Madre, ¿no lo vé? Acéptelo... yo no tengo Fé.
Por fin. Lo había dicho. ¡Ooohhh! Alto y claro en medio de la capilla. ¡Uuuuhhhh! Mis compañeras hacían aspavientos y ese tipo de ruiditos que hacemos las niñas pijas de colegio de monjas para demostrar susto.
Me sentía tan liberada...
Esperé algo preocupada la reprimenda de la catequista. Sin embargo Madre Paz no parecía afectada en absoluto. Es más, me atrevería a decir que incluso sonreía. Jamás habría esparado esa reacción. Carraspeó ligeramente y con su habitual tono de voz sereno y relajado continuó:
- Si cruzas, puede que no volvamos a vernos, porque no podrás confirmarte. No seré tu madrina y no nos veremos en la celebración.
- Nos veremos después, en la cena.
Mmm... visualicé unos segundos el modelazo que me había reservado para la ocasión. Teníamos preparada la tradicional juerga post-confirmación. Prometía muchísimo. Era lo bueno de confirmarse; veinticuatro niñas en torno a los 16-17 años con las hormonas alteradas y una excusa buenísima para salir de marcha una noche sin hora ¡por fin!
- Ah cierto... la cena... Recuérdame que telefonee a tu padre. Habrá que ver si tienes permiso para acudir a la cena y a la fiesta sin haber sido confirmada y con un suspenso en la asignatura de religión.
En esos instantes lo ví claro. No, no eran imaginaciones. Estaba claramente sonriendo. Me tenía pillada por los watios y le importaba un pimiento si yo creía o dejaba o de creer. Y encima llevaba dos años entreteniéndola con mis deliberaciones. ¡Qué estúpida era!
- Si cruzas, puede que no volvamos a vernos...
- Muy bien, Madre. Usted gana. Me quedo.
Y volví a sentarme, roja de furia.
Y nunca más, en ese año, volví a abrir la boca en ese grupo.
Y fui a la cena. Y a la fiesta de después. Y estrené el modelazo. Y mi padre me regaló un ordenador. Y me pusieron un sobresaliente en religión.
Y aún me pongo roja de vergüenza cada vez que me acuerdo.
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